El Camino Psicoespiritual: Adéntrate en tu desarrollo personal

Venimos a revelarte un secreto: tú creías saber quién eras, pero tal vez no es así. Crees que eres la persona que se levanta por la mañana y va cada día al mismo sitio a trabajar, que asume un montón de obligaciones de las que cree que no puede escapar, que anhela un futuro diferente que nunca llega… Ese es en realidad tu personaje, no quien tú eres de verdad. Quizás crees que escoges lo que piensas y lo que sientes, pero pon atención y verás que en realidad muchos de tus pensamientos, sentimientos y acciones las dirige ese personaje que hay dentro de ti.

El desarrollo personal: qué es y cómo nos lleva al camino psicoespiritual

Si no eres este personaje, ¿por qué dirige tu vida? ¿Te quieres quedar con él o escoges dar un paso de coraje hacia tu propio desarrollo personal? El camino del desarrollo psicoespiritual es el camino a descubrir quienes somos realmente y vivir desde ello. La vida es un camino, pero se puede caminar a ciegas y en automático, o con los ojos abiertos y viendo. ¿Viendo qué? Los patrones repetitivos, las ideas fijas erróneas, la persistencia del miedo y la culpa bajo la piel … Todo eso está contigo esperando ser visto, acogido, y liberado. A esto le llamamos el proceso de sanación, una parte esencial del camino que te lleva a tu verdadero ser.

Hitos del desarrollo personal: sanar, florecer, despertar

Todos arrastramos heridas. Muchas de estas heridas proceden de la infancia, otras provienen de nuestro linaje familiar, y en nuestra orientación terapéutica creemos que además otras son del alma y venimos con ellas de otras vidas. El desarrollo personal no es posible sin enfrentar la sabiduría encerrada en el interior de estas heridas del cuerpo y del alma. ¿Sabiduría? Sí, así es, encerrada en cada herida hay un aprendizaje que no se pudo realizar. En su momento fue demasiado fuerte. Te tuviste que proteger y cerrar. La vida continuó y se quedó ahí. Pero la vida cada vez pesa más con estas heridas. La vida pierde vitalidad y ganas de ser vivida.

El desarrollo personal pasa por mirarlas y completar el aprendizaje. Por ejemplo, si cuando niña cada vez que llorabas, gritabas o pedías ser acompañada, no había respuesta, es muy probable que sintieras que no eras válida sino rechazable, o que tenías que apañártelas sola. Ahora, cuando te sientes sola no te permites pedir ayuda porque crees que sucederá lo mismo. Entrar en la herida y sanarla es revivir el dolor que esa niña vivió y darle algo diferente. ¿Qué? Lo que necesita: apoyo, consuelo y compañía. El aprendizaje está en dártelo a ti misma o poder pedirlo sintiendo el derecho a recibirlo.

Al sanar nuestras heridas liberamos los patrones repetitivos que estaban alimentados por ellas. Así el funcionamiento reactivo y automático va dando paso a una forma de vivir más creativa. Dado que el cuerpo ya no tiene que gastar tanta energía en contener los viejos patrones, la energía liberada se usará para tener mayor claridad sobre lo que realmente quieres, y para atreverte a emprender proyectos más acordes a tus anhelos. En este punto uno puede causar sorpresa en los que le rodean y escuchar expresiones como “¡pero tú nunca te habías atrevido a hacer este tipo de cosas!”

Último hito de desarrollo personal: ¡despertar!

Por tanto, el desarrollo personal es también un proceso de empoderamiento. ¿En qué consiste este poder que antes no tenías? En pasar del lugar de víctima al del “yo puedo”. Pero ese “yo” que puede no es un yo aislado. En el camino psicoespiritual descubrimos que no estamos solos. Una de las grandes y reconfortantes noticias que recibe ese “yo” es que forma parte de algo más grande en lo que puede confiar, descansar y nutrirse. Es como si la ola, después de luchar por mantenerse sobre la superficie, llegara a la orilla y al desvanecerse reconociera que pertenece al mar. En todos nosotros hay una ola persiguiendo ser la única y más importante, la protagonista de todo el mar. Y eso es agotador. Sin embargo, hay otra parte más profunda y verdadera. La pequeña ola despierta de su ilusión de estar sola y tener que hacerlo todo. Deja de competir, deja de compararse con las otras olas, dejar de juzgarlas y juzgarse. Y con ello viene la confianza en la vida y la liberación de las energías creativas. Vivir en lugar de sobrevivir.

Aviso al caminante: obstáculos en el camino del desarrollo personal

El camino psicoespiritual es muy bonito, pero no está exento de obstáculos. El primer y mayor obstáculo es el miedo al sufrimiento. Este miedo alimenta una serie de reticencias internas. Por un lado, hay ganas de cambiar las cosas, pero por otro hay miedos a lo que estos cambios puedan implicar. Estos miedos es lo que llamamos resistencias. Se presentan en múltiples formas: temor a que al enfrentar lo que tengo dentro sea demasiado, temor a caer en un estado de profunda tristeza, temor a que los demás no me acepten, temor a perder privilegios, temor a volverse loco, temor a tener que tomar decisiones difíciles sobre la propia vida…

En todos los casos, enfrentar estos miedos requiere encarar el dolor. Evitar el dolor trae consigo evitar el placer y la vida. En el desarrollo personal aceptas que el dolor es inevitable, y descubres que convertirlo en sufrimiento es opcional. El dolor de muelas duele, pero sentirse desgraciado por ello es una elección. Que te deje una pareja duele, pero convertirte en una persona resentida y que no cree más en el amor, con afirmaciones tipo “siempre sucede lo mismo” o “no te puedes fiar de nadie”, es una elección.

Y esto del desarrollo personal, ¿cómo se hace?

Quizás esta explicación te resulte interesante, pero te plantees, ¿esto cómo se lleva a la práctica? En nuestra experiencia, una buena manera es iniciando un proceso terapéutico con el acompañamiento de un profesional que cuente con las herramientas necesarias. Hay partes del camino psicoespiritual que es muy difícil transitar solo. Tener un otro delante que te hace de espejo para poder ver las propias pérdidas, las resistencias, y las heridas, es de gran ayuda. Comprobar que el dolor es menos dolor cuando es compartido, y sentir que la escucha amorosa de otro lleva al amor a sí mismo y al perdón, es profundamente sanador. Abrirse a la propia vulnerabilidad es mucho más fácil con el sostén de un acompañante preparado para ello. Y lo mismo aplica para el proceso terapéutico en grupo. Compartir el camino con otros caminantes es muy bonito y fortalecedor.

Nuestro propio desarrollo personal se produjo de esta forma, y nos llevó a dedicarnos a este tipo de acompañamiento. Creemos en ello profundamente y por eso hemos querido compartirlo contigo en este texto. Si te resuena, no dejes de ofrecerte este regalo a ti misma, y cuenta con nosotros.

En Espiral ofrecemos terapias y formaciones en desarrollo personal y psicoespiritual.

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